Entre el cielo y el suelo

En el entorno empresarial llevamos muchos años hablando, discutiendo, incluso “divagando” en muchos casos, acerca de los nuevos servicios de comunicaciones que pueden ayudar a las empresas a “impulsar su negocio”.

Durante muchos años hablamos de servicios de valor añadido e intentamos proporcionar herramientas y argumentos que justificaran por qué ofrecen un valor de negocio a las empresas.

La realidad es que, en general, durante alrededor de diez años, ni los fabricantes ni los proveedores de servicios e integradores conseguimos tener éxito y ayudar a las empresas a valerse de dichos servicios para, en definitiva, “mejorar”.

Siempre he dicho que había algunos factores fundamentales para que todo esto ocurriera: los servicios debían ser fáciles de utilizar e intuitivos (y, por cierto, muchos “actores” en el entorno residencial nos han dado algunas lecciones al respecto; y hablo de Whatsapp, por ejemplo), “abiertos”, es decir, que permitan comunicarse con cualquiera a través de cualquier dispositivo y desde cualquier lugar y con modelos de despliegue y adquisición flexibles.

Soy optimista, lo reconozco, pero mi optimismo surge de una realidad que ya está ocurriendo: Nos hemos dado cuenta de que no necesitamos dar cientos de servicios y nos hemos centrado en la sencillez y la apertura a los entornos que los usuarios realmente utilizan (dispositivos de consumo, conectividad desde cualquier lugar, etc…). Esto ha hecho que los usuarios pierdan el miedo y sepan apreciar el valor… ¡Ya no necesitan un manual de usuario para hacer uso de dichos servicios!

Pero hay otro elemento que enriquece mi optimismo: los modelos flexibles de adquisición (la nube y los modelos de pago por uso real) hacen que las empresas se “lancen” sin comprometer inversiones.

Ahora bien, miremos al pasado para seguir aprendiendo. La rigidez no es buena consejera. No volvamos a poner corsés a esquemas que nacen de forma muy flexible. No intentemos “controlar” lo que el usuario “debe” disfrutar. Entre el “cielo (la nube) y el suelo” están las personas y son ellas las que deben “marcar el ritmo”. Prestemos atención a los servicios que quieren (no intentemos de nuevo “meter con calzador” lo que de forma natural no necesitan) y empecemos a contemplar posibilidades que agilicen la adopción: servicios “freemium”, por los que no se pagan las opciones básicas pero que se convierten en “premium” cuando el mismo usuario solicita un valor adicional.

Modelos de despliegue en los que el proveedor de servicio piensa “out-of-the-box” (perdón por el “palabro”) y deja que los proveedores de soluciones utilicen sus recursos para, en definitiva, dar lo que pide el usuario, el que está entre el “cielo” de los proveedores en nube y el suelo, la realidad.

Los proveedores de servicios y fabricantes debemos seguir haciendo nuestros planes de negocio, por supuesto, pero dejemos que las personas nos ayuden a elaborar dichos planes, no impongamos servicios y modelos, aprendamos del pasado.

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